En la inauguración, en febrero, del Centro Penitenciario Málaga II, en Archidona, pudimos ver imágenes de políticos como el Delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, el Secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto o la Diputada Celia Villalobos, sorprendidos por el lujo de las instalaciones de las que gozarán los internos. Este proyecto de Zapatero, al igual que el de Estremera (Madrid VII), que inauguraron Rubalcaba y Francisco Granados (que ha tenido el gusto de disfrutarlo durante dos años y medio), ofrecen a los usuarios mejores servicios que un hotel de cinco estrellas: piscina climatizada, biblioteca, último equipamiento en salud bucodental, pistas deportivas, salas de juego, salón de conferencias, aulas de formación y de informática…
Con la reciente noticia de la primera ocupación del resort de Archidona, vino a mi mente la cárcel de la Avenida de Madrid, junto al Estadio de los Cármenes. Cuando, tras las rejas de los estrechos ventanucos, veíamos, desde las gradas, las cabezas de los internos aficionados al fútbol, intentando seguir los partidos del Granada de los Vicente, Barrios, De la Cruz, Ñito, Santos… Eran tiempos de gloria para el Granada C.F.; de miseria, para aquellos presos. Y recordé también una columna periodística que, hace décadas, escribió el maestro del género, Manuel Vicent. Creaba la historia de un joven que, harto de las penurias y calamidades de una vida vendiendo clínex a los conductores en los semáforos de su ciudad, tomó la decisión de comprar un cuchillo y sacar un billete de avión para Estocolmo. En espacio aéreo sueco cometió un asesinato, porque iba a gozar, en cualquier cárcel sueca, de los servicios arriba descritos.
En las redes sociales hemos visto múltiples reacciones de indignación por el gasto superfluo de las instalaciones de estos centros penitenciarios, frente a las carencias que sufren las residencias para la Tercera Edad. Resulta chocante que Sergio Morate, tras su doble crimen y huida a Rumanía, disfrute de las instalaciones de Estremera, durante el período de su condena. Y parece lógico que Patrick Nogueira Gouveia, que presuntamente asesinó a un matrimonio y a sus dos niños en Pioz, prefiriera volver de Brasil para ser juzgado y cumplir la sentencia en este establecimiento. ¡Cómo hubieran cambiado sus cárceles de Valladolid y San Marcos, de León, Fray Luis y Quevedo! Aunque tanto lujo, tal vez, hubiera ahuyentado el vuelo de las musas. Hace unos días, un buen amigo, tras una reunión de trabajo, me decía que estaba pensando hacer algo para ir a disfrutar gratuitamente del confort de la residencia de Archididona… ¡Tan bien nos la pintan…!
El carismático Zapatero, el de la Alianza de Civilizaciones, el eterno mediador, valedor de los derechos humanos en Turquía y en Venezuela, como buen visionario y paladín de la igualdad de géneros, de clases sociales, de pobres y ricos, quiso ser generoso con los delincuentes de todo la geografía nacional. Y, previendo que de Estremera y Alcalá Meco se apropiarían los “habilidosos” gestores políticos del PP y los líderes de la “¡Cataluña, Una, Grande y Libre!”, proyectó el Centro Penitenciario malagueño, para que, al término del juicio de los ERE, no perdieran el nivel de vida, el estado de bienestar que han llevado los socialistas y sindicalistas que reciban el “bonus” de un merecido retiro.
Si el coste medio de un recluso ronda los 2.000 € mensuales, en estas residencias de lujo nos costará mucho más caro. Yo siempre me he preguntado por qué aquellos internos que poseen sobradamente recursos no pagan su estancia. Los Conde, Pujol, De la Rosa, Bárcenas, Granados, Pantoja…, y tantos otros, deberían haber costeado sus estancias, independientemente de las sanciones económicas por los delitos, y no sufragarlas los contribuyentes con sus impuestos.
(Publicado en IDEAL de Granada, el domingo 13 de Mayo de 2018)