Nuestras calles y plazas se ven cada vez más ocupadas por mascotas caninas, cuyos dueños las acompañan para que realicen deposiciones y hagan ejercicio físico.
La Ley de Bienestar Animal, de Ione Belarra, se nos presenta como el marco en el que los animales, sujetos de derecho (?), van a alcanzar la dignidad y bienestar propios de los seres humanos. Ley que ha provocado infinitud de polémicas por las exigencias a los propietarios, por los cursos de formación, las condiciones para la adquisición y alojamiento, las restricciones para la reproducción, la alimentación, los tratamientos sanitarios, las desorbitadas sanciones por el incumplimiento de la normativa…
Los ideólogos artífices de esta Ley son los mismos que condenan la “colonización” americana por «genocidio», porque despojó a los nativos de su cultura. Juicio totalmente incierto, pues la esencia del ser humano es, precisamente, la permanente evolución cultural. Sin embargo, con las mascotas creo que sí se está realizando un «zoocidio», porque se les arranca de su «habitat» natural, se les esteriliza, se les cambia la alimentación, se les somete a las veleidades de los dueños… y se les quiere humanizar “contra naturam”.
Pensamiento que sorprendentemente he encontrado en el último libro de Boadella, «Joven, no me cabree», con el formato de los diálogos de Platón, en donde aflora una variedad de temas: la autoridad, la Universidad, el pasado, el arte… Sobre las mascotas, el dramaturgo dice al doctorando, interlocutor en la dialéctica, al enterrar una gata en el jardín: «Esta gata pudo hacer libremente su función felina porque nadie la acarició ni le compró comida para gatos en el supermercado. Nadie le pervirtió su naturaleza. A cambio del alimento me liquidaba todos los ratones y, si no tenía suficiente, se tomaba su libre ración de pájaros en el jardín. Esa es una relación perfecta entre un animal y un ser humano. También lo es la caza, el perro lazarillo, el perro policía, el perro pastor o el burro que tira del carro del campesino». Escribe que el joven «acepta la proliferación de mascotas, que es una degeneración del bicho y la persona. Acepta recluir los animales en espacios y condiciones que no son las suyas». Dice que las mascotas cubren un vacío psicológico. Lo que desvela una cierta patología en los dueños. Dinamita del ampurdanés, por la que ya no sufrirá la cárcel franquista o un nuevo destierro nacionalista.
Publicado en IDEAL de Granada el día 24 de enero de 2023