Eufemismos

            No cabe duda de que el comportamiento de las personas está condicionado por la  Lengua. De ahí que la escuela de semántica general se complazca en hablar de «tiranía de las palabras». Se trata de una metáfora para indicar la influencia decisiva que ejerce sobre el comportamiento de los hombres la lengua de que se sirven.

            Un dato evidente ha sido el uso de «eufemismos» para sustituir las palabras «tabú». Palabras que han estado ligadas a las áreas de la sexualidad, la religión, la política o la sociedad. Autócrata, por dictador; dar a luz, por parir; los menos favorecidos, por los pobres… Pero, desde Saussure, sabemos que la lengua es un hecho social, democrático, que sufre continuamente la influencia de todos y que no puede ser controlada por nadie.

            Cuando los eufemismos se crean por el poder político, la sociedad pronto los irá revistiendo de las viejas connotaciones del vocablo sustituido. Baste recordar el cambio de «deficiente» por «discapacitado» o «minusválido». Los prefijos latinos «de», «dis» y «minus» denotan limitación de valor, cualidad o capacidad. Por ello, lo importante no es cambiar de significante, puesto que el significado permanece, sino mejorar las condiciones sociales, educativas, sanitarias… para quienes sufren limitaciones físicas o intelectuales.

            En el campo de la «ingeniería lingüístico-política» nos topamos con el acrónimo «MENA»: menor extranjero no acompañado. Término al que el enfrentamiento partidista le ha asociado un conjunto de connotaciones (robos, agresiones sexuales, violencia…) que provocan el rechazo de parte de la ciudadanía. El PSOE, desde su filosofía de «inclusión» va a llevar a cabo una amplia reforma en el ámbito de la inmigración, que afecta a la educación, la salud, los centros de atención a menores y el tratamiento de los delitos de estos jóvenes. Y referente al tema que nos ocupa, quieren suprimir el acrónimo «mena» e imponer en todos los documentos el circunloquio eufemístico «niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados» (sic). No se dan cuenta de que la sabiduría popular y la economía lingüística, regida por la ley del mínimo esfuerzo, va a simplificar rápidamente esa maraña de significantes. ¿Qué hicieron los sevillanos, con el nombre del futbolista bosnio del Betis, Hadzibegic? Llamarlo «Pepe». ¿Cómo llamará el pueblo a las «niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados»? Posiblemente, menas, si no se penaliza su uso, como el del vocablo “negro”. O pronto se creará un nuevo acrónimo: «niniadminas». Desprovisto de connotaciones negativas hasta su puesta en circulación, claro.

Publicado en IDEAL de Granada el domingo 10 de octubre de 2020

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