EBAU

              Con el telón de fondo de la pandemia, cada día nos trae un problema al que dinamita la aparición de otro nuevo, real o ficticio. Junio, con la evaluación del bachillerato para el acceso a la Universidad (EBAU), la tradicional Prueba de Selectividad, ha generado una especie de alarma social acerca de la equidad del sistema o de la desigualdad de la prueba entre Comunidades. Debate sobre el que no se han pronunciado los docentes, responsables de la formación y de la evaluación, tanto en los institutos como, mayoritariamente, de la corrección de los exámenes de la Prueba.

              Se ha comentado sobre la aplicación anticipada de la LOMLOE, que permitirá la obtención del título de Bachiller con un suspenso (o varios), si no ha habido abandono de la materia (Art. 37,1). Ley que entrará en vigor el próximo año para segundo curso. Pero el Equipo Educativo siempre ha valorado si determinados alumnos estaban capacitados para seguir los estudios universitarios o la formación profesional, y ha consensuado aprobarles una o más materias que tenían suspensas. Por lo que esta polémica parece absurda, ya que las Comunidades que van a seguir la «ortodoxia» frente a la Ley Celaá, saben que ésta no cambia el tradicional «modus operandi».

              Esta «generosidad» con los alumnos ha desatado también la polémica sobre el nivel de exigencia de las distintas Comunidades, y la necesidad de una prueba única para toda España. Pero la Educación pertenece a las Autonomías, y cada una diseña sus currículos y las Pruebas de Acceso según su criterio, dentro de la ley o bordeando sus márgenes. De ahí que los contenidos varíen de unos territorios a otros en aras de la calidad formativa o por intereses políticos. Las Editoriales ofrecen libros muy diferentes para la misma etapa en cada Comunidad, pues deben adaptarse a los objetivos de cada una. La unificación educativa no es posible, aunque lógicamente parezca razonable. Hemos visto cómo ni los tribunales ni el Gobierno central han logrado hacer cumplir la ley en algunas Autonomías que utilizan la educación como instrumento identitario y de confrontación.

              Más importante que crear polémicas estériles, sería realizar un estudio con informes de los institutos y de los examinadores de Selectividad sobre el impacto de la pandemia en la formación de los jóvenes. De esta forma podrían adaptarse los programas para los alumnos que accedan con deficiencias a la Universidad, y podrían corregirse los errores que se han producido, respecto a la formación, en los Centros de Secundaria.            

Publicado en IDEAL de Granada el sábado 12 de junio de 2012

Deja una respuesta