Violencia urbana

          Los tratados clásicos de moral han justificado la violencia por tres motivos: la defensa personal, la guerra justa y contra la tiranía. La ética moderna tiene otros principios para valorar estos hechos. La defensa personal se observa dentro de una casuística tan compleja, que siempre lleva la de perder el agredido, sea en espacio público, sea en su propia casa, con la excepción de la mujer, por la ley de «violencia de género». Incluso las fuerzas de seguridad ven recortadas sus funciones ante todo tipo de agresión. La guerra parece no tener justificación alguna. Y, cuando las grandes potencias intervienen en un conflicto bélico, se les obliga a ejercer la violencia sobre los puntos neurálgicos del enemigo: vías de comunicación, industrias, fuentes de energía… Y nunca se ve mal un «golpe armado» contra cualquier dictadura de las que aún existen.

El concepto «violencia» tiene, sin embargo, un campo semántico mucho más amplio; se habla de violencia callejera, violencia estructural, violencia terrorista, violencia verbal… Cuando el Presidente del Gobierno expresa que «en democracia es inadmisible cualquier uso de violencia, porque la violencia no es libertad, sino un ataque a la democracia», nos aleja del concepto tradicional de verdad, «adaequatio rei et intellectus», de Aristóteles y Santo Tomás. Generaliza, como los proetarras, evitando  aludir a la violencia urbana que ha provocado estos días la sentencia contra Pablo Hasél. «La democracia jamás ampara la violencia», claro. Lo que tiene que hacer y hace una democracia es aplicar la ley al violento, sin que tiemble el pulso al político o al juez. Porque la democracia se debilita cuando se trata de flexibilizar las leyes para que el delincuente atente contra la libertad de los demás con insultos, amenazas, ocupación de la propiedad ajena, agresiones a las Fuerzas de Seguridad del Estado, sedición… «La democracia no ampara la violencia», efectivamente. Pero la amparan los seudo-demócratas, los autócratas. ¿Hemos olvidado ya el «apreteu, apreteu» de Torra, la “kale borroka”, “la violencia de carrer”, cuando la sentencia del procès? Es el mismo apoyo o incitación que hoy muestra Podemos a la violencia callejera, contra la justicia y el Estado de Derecho, bajo el sofisma de «libertad de expresión», o «democracia imperfecta», sin una respuesta contundente del Gobierno. Cuando la violencia asalta el Poder, o lo doblega, a través del populismo, el Estado se sirve de ella para mantenerse. Síntomas no nos faltan, en lo que se dice y en lo que se calla.

Publicado en IDEAL de Granada el lunes 1 de marzo de 2021

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