Cierre de empresas

Paseando por el pericentro de Granada, hay que mirar al cielo o cerrar los ojos para no caer en depresión. A la suciedad de las calles se une la desoladora postal de establecimientos cerrados, con el cartel de «Se vende/Se alquila». Restos de rotulación en las paredes, graffiti en las persianas y empapelado de escaparates, que deja entrever  los despojos  del abandono.

            Con esta estampa en la retina, nos encontramos, en IDEAL, con el titular, de Juanjo Cerero, «Granada es la segunda provincia andaluza en la que más empresas fracasan».  Nos dice que, según el Consejo General de «Economistas, en 2018, «un total de 59 compañías radicadas en la provincia se declararon en concurso de acreedores». Proceso que normalmente termina en el cierre.

            En los años ochenta me decía un amigo que trabajaba en la empresa de Ramón Areces, que estaban haciendo un estudio de viabilidad para abrir el Corte Inglés en Valladolid. Cuando, una década después, se instala en Granada, los clientes de las fruterías, carnicerías, pescaderías,  tiendas de textil… pensban que estas grandes superficies, con éxito  en Madrid, Barcelona o  Sevilla, no iban a cambiar nuestros hábitos de compra. Igual sucedió   en Motril con Alcampo, y ha terminado atrayendo a su zona a otros grandes y medianos comercios  que monopolizan las ventas de la Costa.

            El «porqué» de los filósofos ha pasado a economistas, promotores, sociólogos, políticos…, que analizan los hechos para dar soluciones a los problemas económicos de las ciudades. Las grandes superficies nacieron para satisfacer en un mismo espacio todas las necesidades del ciudadano: alimentación, bricolaje, belleza, tecnología, mobiliario… Y han conseguido hundir al pequeño comercio, a pesar de las voces que se han levantado contra ellas. Porque no se puede competir con unos  «monstruos económicos» que imponen su ley en las lonjas de pescado, de hortalizas y frutas, o que  fabrican «sus marcas blancas» en Portugal o Marruecos. Sólo sobreviven los comercios que se han modernizado, ofreciendo a los clientes una exposición atractiva de la mercancía, calidad en los productos  y atención exquisita. En diferentes zonas de nuestra ciudad encontramos pescaderías, carnicerías, fruterías… donde hay que guardar turno para comprar. Las compras  «online» también han causado estragos en el pequeño comercio. Y, a veces, en el grande, si no se han puesto las “pilas” a tiempo.

            Aún no se ha publicado ningún estudio acerca de las empresas cerradas y, fundamentalmente, si habían recibido subvenciones públicas. Porque aquí somos líderes en «suspender pagos», tras recibir la subvención.  En cuanto a la ubicación, ¿qué estudio de ventas han realizado quienes  han abierto una frutería o una carnicería frente a la cadena de supermercados más exitosa de España?  Ruina y cierre en unos meses.

            Hay una urbanización  relativamente nueva, en Granada, que está aislada por las vías ferroviarias y otras barreras. Bajos comerciales en todos los exteriores. Poco duraron los comercios que allí se instalaron.  ¿Dónde están los estudios de mercado? Ya se habla de reconvertir los bajos en viviendas. Cosa lógica.

            La «deslocalización» o huida de las empresas a tierras donde los costes de producción son más baratos no es un hecho nuevo.  España fue receptora de la industria automovilística y  de electrodomésticos. Hoy Marruecos es el país donde los empresarios agrícolas granadinos están  invirtiendo: olivar, aguacate, cultivos bajo plástico… son una mina para ellos. Pero un golpe bajo para nuestros agricultores, porque los bajos costes laborales marroquíes  harán insostenible la producción agrícola de nuestra comarca.

¿Qué se puede hacer? Una reescritura de la Crítica de la Razón práctica kantiana. En tiempos de globalización, la razón debe reunir toda la información necesaria para  invertir en un  tiempo y lugar que abran las puertas al éxito.  Son los a priori del filósofo.

Publicado en IDEAL de Granada, el martes  22  de octubre  de 2019

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