En esta sociedad secularizada, con ataques reiterados a la actividad de la Iglesia católica y a la difusión de su doctrina, nos sorprenden comportamientos como los del Presidente de la Generalitat en la abadía de Monserrat.
Muchos intelectuales, a lo largo de la historia, han luchado contra las creencias religiosas, proclamando abiertamente el ateísmo o el agnosticismo. Hoy no vemos a personas inteligentes gastar su tiempo en este debate filosófico-teológico. De vez en cuando lo toman grupos radicales, movidos más por el resentimiento que por la razón.
De todos es sabido que en la Iglesia de finales del siglo pasado ha existido una corriente de pensamiento que ha apostado por la liberación de los pueblos en Sudamérica, contra las dictaduras y en defensa de los ciudadanos. Me refiero a la «teología de la liberación», a los «curas obreros», en Francia y en España, entre otros. Porque la Iglesia es hija de su tiempo, y, como creo que decía el filósofo panteísta Spinoza, si Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza (Gn. 1, 26), el hombre lo ha superado, creando a Dios a su imagen. Yo diría que también creando a sus vírgenes, a sus santos…
Que había curas vascos que daban acogida a los terroristas, era “vox populi”. Que la abadía de Monserrat ha sido cuna del independentismo catalán, y sigue siéndolo, amén de otras aberraciones de pederastia, también. La Moreneta y los monjes lucen en las solemnidades la senyera, símbolo de la historia y de los valores catalanes.
Por todo ello no sorprende que el sábado pasado se celebrara en Monserrat una vigilia de dos horas (horas santas), con la presencia de las fuerzas políticas vivas del pasado, del presente y puede que del futuro de Cataluña: Torra, Jordi Pujol, la abadesa Marta Ferrusola y familiares de políticos encarcelados, entre otras. ¿Confesión de los pecados de odio, xenofobia, robo y extorsión…? ¿Arrepentimiento? ¿Reparación de daños? ¡Quia! «Vigilia de oración en solidaridad con los presos y exiliados catalanes por motivos políticos».
Pongo en duda la fe de los asistentes y de los anfitriones. Las vigilias de oración tienen varios fines: desagravio o agradecimiento a Dios; pedir ayuda para alcanzar algo que supera a las fuerzas humanas… Oración en solidaridad es una memez, un disfraz. El acto, la «vigilia», se convirtió en un mitin político, con lecturas y mensajes de procedencia varia, acogidos con aplausos. Pero quiero centrarme en las connotaciones de la lectura del presidente Torra, que no son humo de pajas. Leyó un fragmento de una carta del pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, que luchó contra el nazismo y fue víctima del mismo, acusado de conspirar contra Hitler. Blanco y en botella. “Señor, yo escucho tu llamada y la sigo. Ayúdame. Santo espíritu, dame la fe que me preserve de la desesperación, de las pasiones y del vicio. (…). Dame la esperanza que me libre del miedo”.
Cuando al nacionalismo, que tiene ideología religiosa, pero del panteísmo hegeliano, se le acompaña con música bíblica (“Señor, yo escucho tu llamada y la sigo…”), puede provocar una carcajada o una inquietud preocupante. Porque si un iluminado sigue la «llamada» de Allah o de Dios, hay que echarse a temblar. Y si el Santo espíritu le da fe para que no caiga en desesperación, apaga y vámonos. Está claro que posee, como Saulo de Tarso, la fuerza del Espíritu. Lo repite continuamente: “No paramemos el proceso hasta conseguir la independencia”. Este Pseudo-Bonhoeffer ha creado su Hitler “neonazi”: el Estado español. Lamentable escenario para una representación que, más que cómica, puede ser trágica.
Esto no es profecía. Son pasos firmes hacia la constitución de la República Catalana. El Estado, mientras, mira hacia otro lado.
Publicado en IDEAL de Granada, el miércoles 9 de octubre de 2019