Hace años que el mundo desarrollado exige calidad en todos los productos y servicios. Las empresas cuidan cada vez más sus productos, por exigencia de los consumidores y para competir en una economía globalizada, tanto en el automóvil, como en construcción, nuevas tecnologías, alimentación…
En Granada, ciudad y provincia, maltratada por la política nacional y autonómica en infraestructuras e inversiones, necesitamos subirnos al tren de la calidad. Las empresas hortofrutícolas granadinas están compitiendo en el mercado europeo con la excelencia de sus hortalizas. Para ello forman a los agricultores, los asesoran durante el cultivo, controlan los fitosanitarios y seleccionan el producto que alcanza la calidad exigida. La Palma, entre otras empresas, ofrece al mercado variedad de tomates o pimientos, en tamaño, color y sabores diferentes. En tomates ha puesto en el mercado un auténtico “patanegra” (de origen japonés), el Amela, que se encuentra sólo al alcance de privilegiados, por su elevado precio. Y otro excelente gourmet, de origen francés, el Adora, que debe superar los 7º Brix, tomate que engancha a todo el que lo degusta. Tanto es así, que he visto a personas que, tras saborearlos con amigos, se han desplazado a la cooperativa, en Carchuna, para comprarlos. Sólo con I+D+I, con controles exhaustivos de los productos y con una atención exquisita a los clientes, pueden estas empresas competir en una economía globalizada, y aportar riqueza a los agricultores y a la comarca.
El reverso de la moneda lo encontramos en el puerto motrileño, donde, tras catorce años, sigue sin aprobarse el Plan Director del Puerto. Plan que debe desbloquear el desarrollo del polígono industrial del puerto, esencial para cualquier actividad comercial. Las promesas electorales de los responsables políticos para realizar estas infraestructuras, como las de las canalizaciones de Rules, por las que la Costa volverá a manifestarse el próximo viernes en Motril, se las ha llevado el «viento de poniente». A esto hay que añadir la falta de inspectores, sábados tarde y domingos, para inspeccionar las hortalizas que entran o salen. ¿Una mercancía con fecha de caducidad corta puede estar retenida treinta y seis horas en el puerto? ¿Las tasas y tarifas portuarias no generan ingresos suficientes para pagar a los inspectores necesarios? ¿Así vamos a competir con Almería, Málaga y Algeciras?
Las comunicaciones Puerto-Motril son también manifiestamente mejorables en todos los sentidos. Esta ciudad, que se publicita de «altos vuelos», con los accesos que nos ofrece no supera a cortos «vuelos gallináceos». Porque falta mucha calidad para ser un atractivo que retenga a los cruceros en su dársena, tanto en comunicaciones como en la oferta de un paquete turístico que englobe la ciudad, el resto de la Costa, La Alpujarra y Granada: cultura, historia, gastronomía, servicios… Un crucero trae gente para todos.
La nueva consejera de Fomento e Infraestructuras, Marifrán Carazo, en la toma de posesión del nuevo Presidente de la Autoridad Portuaria, José García Fuentes, dijo que «había tomado nota» de la situación y pensaba trabajar, «en la medida de lo posible», para que el Polígono se ponga en marcha. Esperemos que su palabra no vuele al encuentro de las promesas de sus antecesores en el cargo. Porque para competir con nuestro entorno hacen falta infraestructuras y servicios de calidad. Que los partidos políticos, tras este mercadeo de fichajes preelectorales, dejen de embestirse y «bajen de las musas al teatro», poniendo en marcha la I+D+I en la Administración de nuestra Comunidad y Comarca, destinando recursos suficientes para encauzar las aguas “presas” en Béznar-Rules, ansiosas de correr libres por campos y pueblos; protegiendo nuestras playas de los reiterados zarpazos del mar enfurecido, y convirtiendo nuestro puerto en un lugar de excelente acogida para mercancías y pasajeros, con instalaciones amplias y de calidad.
Publicado en IDEAL de Granada el domingo 24 de marzo de 2019