Contaminación acústica hospitalaria

 

Según información de Mercedes Navarrete, en Ideal del 26 de enero, el proyecto “Sueñón”, liderado por personal de enfermería del Hospital Santa Ana, de Motril, ha logrado “detectar las  causas que interrumpían el descanso” nocturno de los enfermos y, con medidas sencillas, “se han logrado grandes beneficios”.

Hay que alabar el trabajo de estos profesionales, y bienvenidas sean todas las mejoras que redunden en la paz de los pacientes. Los que hemos velado muchas noches junto a los enfermos en ese excelente hospital de la Costa sabemos que las horas se hacen eternas junto al dolor, la medicación que se va agotando, los lamentos de los pacientes… Pero son los días la auténtica tortura de los encamados en cualquiera de los hospitales públicos granadinos. Recientemente, un buen amigo sufrió una indisposición cardiovascular que le obligó a permanecer dos días en el área de Observación  del Hospital Virgen de las Nieves. Cuando fui a visitarle, creí encontrarme a la entrada de un gran Centro Comercial el primer día de Rebajas. Un control incontrolado, y overbooking en la sala, saturada de ingresados y de familiares que no respetaban las normas. Ya en planta, esta persona se vio obligada a llamar a la supervisión para solicitar silencio ante el desasosiego que le producían el vocerío de los visitantes y el trasiego incesante en habitaciones y pasillos.

Me vinieron a la memoria aquellos férreos controles a la entrada del Clínico y del Ruiz de Alda, cuando se entregaban  dos pases por enfermo y había que esperar al regreso de un familiar para sustituirle en la visita. Los porteros eran inflexibles  y,  sólo cuando el aluvión de entradas se había disuelto, permitían algún que otro acceso “extra” justificado.

Pero los tiempos cambiaron. Sociología, psicología,  democracia obligaron a la nueva política de “puertas abiertas” en los Hospitales, cuyas consecuencias son patentes: ruido insoportable, incomodidad y perjuicio a los enfermos, robos en habitaciones y taquillas del personal sanitario… Todo, fruto de la permisividad y el descontrol. ¿En qué Juzgado, Delegación de la Junta o empresa notable no se exige un control a la entrada, conforme a las peculiaridades  del recinto y del servicio?

Tras las muertes de un hombre, sin ser atendido de un ictus, durante 4 horas, en el Hospital de Antequera, y de la mujer olvidada durante 12 horas en las Urgencias del Hospital de San Juan de Dios, de Úbeda, la Consejera, Marina Álvarez, anuncia nuevas medidas en los protocolos de Urgencias, así como en el control  del número de  acompañantes que puedan estar dentro de estos espacios. Es la respuesta a un problema, porque hay otros espacios afectaos. Se olvida de la contaminación acústica que padecen todos los hospitales andaluces, que necesitan no sólo  otros protocolos, sino una urgente “cirugía” anti-ruido.

Cada servicio requiere sus normas, atendiendo a las características del mismo. De lo que no cabe duda es de que los enfermos precisan de un clima de serenidad, de calma y de paz  en su convalecencia. Determinar las causas que lo impiden no es difícil. Las conocemos todos. Poner los medios, tampoco, aunque políticamente resulte impopular. Porque, como me decía hace unos días, un exdirector de Hospital, “¿si agreden a los médicos y enfermeras en la atención de urgencias o por el tratamiento, qué harían con los  vigilantes del control y  del orden?”. Cierto.  Pero, si no hacemos frente a la violencia o a la anarquía, ¿para qué nos sirve esta sociedad?

Cuando visitamos una clínica privada, todo parece distinto. ¿Será por la cultura de los pacientes y familiares? ¿Será por el mismo silencio, que rebaja los decibelios insoportables? ¿Será por la autoridad, pilar de la empresa privada? Algo tenemos que aprender y mucho que corregir.

 

(Publicado en IDEAL de Granada, el lunes 5 de febrero de 2018)

Deja una respuesta