Paz y Justicia

 

En la Navidad que hemos dejado atrás, cerrando 2017 y abriendo 2018, se ha ido reflexionando sobre los proyectos frustrados en Granada y en España, y se ha  señalado a  los responsables de los mismos: los dirigentes políticos. Se ha hecho balance de la violencia imparable contra la mujer, los asesinatos  terroristas, la inestabilidad política catalana, el crecimiento de la pobreza, la incesante llegada de inmigrantes… Y en la atmósfera de cordialidad, familiaridad y sensibilidad que envuelve estas fiestas, nos han abrumado con los deseos de paz y felicidad.

Cuando hablamos de paz,  lo primero que nos viene a la mente es la ausencia de guerra, de conflicto armado. Pensamos en Nigeria, en  Siria, en Irak, en las guerras mundiales, en nuestra Guerra Civil. A mí siempre me viene a la mente la frase latina, atribuida a César y que dicen proceder de un escrito similar de Flavio Vegecio, “si vis pacem, para bellum”. Me viene a la mente, porque si no diseñas, si no construyes tu propia defensa, eres una hoja a expensas de un vendaval, a pesar del discurso de los antimilitaristas y falsos pacifistas. ¿Qué ha hecho, si no, Cataluña? Disponer de Fuerzas de Seguridad propias, aunque proclaman renunciar a  un ejército convencional. ¿Cómo se puede luchar contra el yihadismo, si no es con un fuerte e inteligente dispositivo de seguridad? ¿Quién para las locuras de Kim Jong-un con las manos pintadas de blanco?

Pero la paz es algo mucho más complejo. El 1 de Enero de 1972, Pablo VI escribió un mensaje, para la celebración de la 5ª Jornada de la Paz, titulado “Si quieres la Paz trabaja por la Justicia”. En él se nos dice que la paz es una actividad individual y colectiva, un objetivo jamás conquistado totalmente; no es algo dado, acabado y objeto de disfrute. Ni algo que se consiga por la fuerza. Cuando el Poder maneja la educación, las instituciones, la economía, los medios de comunicación… alcanza una “paz falsa, impuesta por la superioridad del poder, por  un despotismo irracional”.

Con el vertiginoso desarrollo de las tecnologías y la globalización observamos que los desequilibrios económicos se hacen cada vez más grandes, tanto a nivel internacional como a nivel nacional. Reiteradamente se nos dice que unos pocos acumulan la riqueza del planeta, y que una mayoría soporta la pobreza. Esta injusticia clama por un reparto más justo de los recursos terrestres, para dignificación de las personas y de las familias. La eliminación de puestos de trabajo en el campo y en la industria,  por la aplicación de nuevos instrumentos tecnológicos, no es compensada con la creación de actividades alternativas que sirvan para el desarrollo personal de los excluidos del sistema laboral, de manera que vivan de su trabajo, y no de las siempre humillantes e insuficientes subvenciones estatales o sociales.

¿Por qué las pensiones suben todas un 0,25%? ¿No sería más justo un incremento inversamente proporcional a la cuantía  de la misma? O no tocar las pensiones altas y repartir entre las más bajas los 80 euros anuales que aproximadamente  les corresponden. Los “comunes”,  los de izquierdas,  los “anti”  no luchan por erradicar las verdaderas injusticias,  ayudando así   a construir la paz. Les basta con bajar reyes de las Cabalgatas,  para montar reinas y drag queens,  y,  de esta forma, dinamitar una larga tradición cristiana. Escribía José Hierro: “Sólo los ángeles cantan / ‘Paz en la Tierra’. / Los magos vienen soñando / o hablan de estrellas”.

La paz y  la libertad son realidades dinámicas,  que nos implican a todos, día a día,  individual y colectivamente, nacional e internacionalmente… Fruto de la justicia en todas sus facetas. Si queremos, pues,  la Paz, trabajemos por la Justicia.

Publicado en IDEAL de Granada, el sábado 6 de Enero de 2018

 

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