Cinco años y medio después de cometido el delito, Luisa García Chamorro, exalcaldesa motrileña del PP, ha sido condenada a pagar una multa de 6 euros diarios durante un semestre al socialista José Luis Hernández por injurias graves y menoscabo de la dignidad del mismo. Lo que motivó la sentencia de la Audiencia fue la calificación de “gerente de farándula, pandereta y despilfarro” por la gestión del accitano al frente de la empresa pública granadina Visogsa, así como por la falsa acusación de cargar a la tarjeta de la entidad viajes al extranjero y estancias en hoteles de lujo. Cinco años y medio después de cometido el delito, Luisa García Chamorro, exalcaldesa motrileña del PP, ha sido condenada a pagar una multa de 6 euros diarios durante un semestre al socialista José Luis Hernández por injurias graves y menoscabo de la dignidad del mismo. Lo que motivó la sentencia de la Audiencia fue la calificación de “gerente de farándula, pandereta y despilfarro” por la gestión del accitano al frente de la empresa pública granadina Visogsa, así como por la falsa acusación de cargar a la tarjeta de la entidad viajes al extranjero y estancias en hoteles de lujo.
La lengua suelta, el verbo fácil y emponzoñado de Luisa le han acarreado seis meses de penitencia, con una transferencia diaria de 6 eurillos a la cuenta de José Luis. Y lo que te rondaré…, pues ya tenemos a Elvira Ramón, diputada del PSOE granadino, pidiendo la dimisión o el cese de todos los cargos que ostenta. No sabemos si en la hermenéutica ética del PP esta condena acarrea, o no, suspensión de funciones.
Uno de los signos de la liberación de la mujer ha sido la desinhibición lingüística. La utilización de tacos y exabruptos en niñas y chicas jóvenes ha superado ampliamente a la de los chicos. Es positiva la ruptura con los tabúes, pero se carece de conocimiento y madurez para el uso apropiado de los registros de la lengua.
En este contexto, todavía resuenan en nuestros oídos las palabras de Rufián al ministro Zoido: “Es usted un miserable y un irresponsable”. A Daniel de Alfonso, en la comisión de investigación al exministro Fernández Díaz, le espetó: “Lacayo, mamporrero, gánster…” Y en la moción de censura calificó de “cacique” a Susana Díaz. Sin olvidar al metamorfoseado Sánchez, tildando a Rajoy de “indecente”, y de “manzana podrida en el cesto de la democracia”. Y a Monedero, clasificando a Aznar en la especie de los ungulados. Sin olvidar a Rafael Hernando, Tardá…
Transformar el hemiciclo, que debería ser paradigma de buena oratoria, de ética ejemplar y de uso exquisito de la lengua, en un lodazal de odios, rencores e insultos, nos produce un sentimiento descorazonador. No sé si la carencia de legislación, motivada por la libertad de expresión parlamentaria y política, debe permitirlo todo. Lo de Pablo Iglesias a Rajoy, «le importa un comino, se la trae floja, se la suda, se la pela, se la trae al fresco, se la refanfinfla»…., es un claro ejemplo de lengua coloquial, jocosa, expresiva, redundante, cargada de connotaciones, que encaja perfectamente en el género novelesco y dramático, pero chirría en el “Sanctasanctórum” de la democracia.
Durante la intervención de Rufián, un político popular habló privadamente con un compañero de partido; comunicación recogida por un diario digital de Barcelona, El Nacional (catalán, por supuesto), expresando que un diputado del PP había insultado a Rufián: “Ha bebido, huele a alcohol”. Rufián merece todos los respetos del mundo cuando calla, y no necesita los efectos del alcohol para ofender, pero no creo que sea un insulto decir que una persona ofrece síntomas báquicos.
Nuestros representantes hilan muy fino al pedir la retirada de los adversarios políticos. Si Luisa Chamorro militara en Podemos, ni dimitiría ni sería cesada (dos verbos cuya semántica desconocen, como hemos visto con los concejales de Madrid, Sánchez Mato y Mayer), porque no ha metido la mano, sino que habría tratado de defender las cuentas de la Diputación granadina. Si la colocamos en la balanza de Ciudadanos, con su moral calvinista, rigorista, sería una pieza segura para mantener o romper algún pacto. Con todo, hay que admitir que nuestras Cámaras y Consistorios lamentablemente son reflejo de nuestra sociedad. Ello no es óbice para que cambien de imagen y den ejemplo.
(Publicado en IDEAL de Granada, el domingo 9 de Julio de 2017)