Ciudadanos contaminados

En fechas recientes decía César Luena que España estaba contaminada por la Iglesia Católica. Algo muy preocupante, porque “contaminar”  es alterar las condiciones de algo o transmitir una enfermedad a alguien.  Y rápidamente me vino a la memoria una afirmación contundente de José María Blanco White, heterodoxo clérigo sevillano convertido al protestantismo inglés, que, en su obra “Cartas desde España” (1822), escribía: “Nuestros corruptores, nuestros mortales enemigos son la religión y el gobierno”.

Blanco, tras su instalación en  Inglaterra, hace un minucioso análisis, en sus obras, de la sociedad española de finales del siglo XVIII, sumida en la incultura y sujeta a la doctrina y principios de la Iglesia. Una sociedad a la que todavía no había llegado el aire fresco de la Ilustración. Pero esta situación nada tiene que ver con la realidad que hoy vivimos, aunque parte de la clase política, si no son nuestros corruptores, sí que está corrompida.

Es cierto que nuestra cultura se halla marcada por la cosmovisión de la Iglesia Católica; pero estos valores no “contaminan” a los ciudadanos, como piensa el Sr. Luena. Bautizos, bodas, y sepelios cristianos no diferencian el estilo de vida de creyentes y no creyentes, al menos de forma sustancial. En la vida cotidiana jamás vemos un conflicto entre los que hacen del laicismo una “religión” y los católicos. En relación a este tema quiero recordar las palabras de Don Gay, hablando con el protagonista Max,  en “Luces de Bohemia”: `Los pueblos más grandes no se constituyeron sin una Iglesia Nacional. La creación política es ineficaz si falta una conciencia religiosa con su ética superior a las leyes que escriben los hombres´. Afirmación ésta muy discutible, porque una ética teónoma es insostenible, pero no encontramos institución alguna capaz de transmitir un sistema de valores aceptable por la mayoría de los ciudadanos. De ahí que, como declarara a Ideal Emma Bonino, excomisaria europea de pesca, `lo que falla ahora en Europa son los valores´.

Si la obra asistencial de Cáritas es “contaminación”, tendrán  que aceptarla con resignación, sobre todo, los que no tienen  piso,  cochera,  fondos de inversión y sueldo parlamentario… Si la educación en colegios concertados es “contaminación”, tendremos que sufrirla estoicamente, porque supone un ahorro de bastantes millones de euros para las arcas públicas, y nadie está obligado a matricularse en ellos.

Ahora que la sociedad disfruta del verano y padece sus rigores, nuestros pueblos celebran sus fiestas patronales. Todas dentro de un marco religioso. Estas celebraciones, de origen pagano, estaban unidas normalmente al periodo de la recolección  de los frutos o la cosecha en cada zona.  De ahí que se establecieran mercados y ferias de ganado. Pero, tras la emigración de la segunda mitad del siglo pasado,  las fiestas locales se han trasladado a los meses de julio y agosto, en honor de Santa Ana, S. Roque, S. Cayetano, S. Joaquín…, o cualquiera de las advocaciones de la Virgen María. Son fiestas de encuentro, de convivencia,  a las que vuelven los hijos emigrados y a las que  se unen los veraneantes. Misas, procesiones, fuegos artificiales, verbenas, música… “contaminan” a la población creyente y laica. Hemos conocido a alcaldes que pretendían “descontaminar” a su pueblo, pero no encontraron el fármaco apropiado. Terminaron acompañando a la patrona. ¡Daba votos!

Si echamos un vistazo a las fiestas no religiosas, Día de la Constitución, Día de Andalucía…, que tuvieron, al principio, unas celebraciones entusiastas, con actos multitudinarios en  plazas y parques, hoy son fechas para protocolos de Autoridades y cargos políticos, y motivo de diáspora, de viajes… para los ciudadanos,  que no se dejan contaminar por  la importancia de esas efemérides, a pesar del dispendio publicitario que reiteradamente se hace para implicarlos en ellas.

(Publicado en el diario IDEAL de Granada, el 9 de Agosto de 2016)

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