Estado de bienestar

 

Los Medios de Comunicación, televisión y radio, principalmente, han difundido la idea de que el Estado de bienestar se ha destruido en España durante estos años de crisis. Idea que han utilizado todos los partidos de la oposición, durante la campaña a las Elecciones Generales del 20 de diciembre, para combatir al Gobierno y su partido. Y no cabe duda de que se ha creado un estado de opinión, un sentimiento de que el PP ha acabado con la Sanidad pública, con la Educación pública, con los Servicios sociales… ¿Qué, si no, proclamaban las “mareas verdes”, las “mareas blancas”, las “mareas multicolores”…  por las calles de Madrid y otras ciudades?

El Estado del bienestar es el resultado de la garantía a todos los ciudadanos, por parte del Estado, de las Autonomías y de los Ayuntamientos, de una educación, sanidad y servicios sociales gratuitos: pensiones, ayudas a la familia, a la dependencia, prestaciones por desempleo, residencias para mayores… Pero no se trata de una conquista como la de un castillo o un territorio. No. Una de las primeras intervenciones en este campo la encontramos en el Informe de Beveridge (1942) en el Reino Unido. En él se adoptan medidas referentes a la vivienda, la salud y el empleo. Y, desde entonces, se ha venido progresando en los distintos países respecto a la prestación de los  servicios básicos para los ciudadanos. Servicios que han ido ampliándose y que  varían de un país a otro. ¿Hasta qué edad hay que ofrecer la gratuidad de la educación? ¿Dónde hay que prestar los servicios sanitarios? ¿En Centros públicos o privados? ¿Durante cuánto tiempo y en qué cuantía hay que sufragar el subsidio de desempleo? ¿Qué tipo de ayudas hay que facilitar para el acceso a la vivienda,  para los servicios domiciliarios o la dependencia? ¿Y para los viajes de la “tercera edad”, actos culturales,  fiestas populares…?

No cabe duda de que los funcionarios de  Educación y de Sanidad han sufrido algunos recortes en sus salarios, y algún incremento horario en la semana laboral. Estos dos sectores básicos del Estado moderno han sufrido de forma evidente la crisis, aunque menos que multitud de trabajadores de la empresa privada que, si no han sido despedidos, han visto mermados sus ingresos en mayor cuantía. Pero ningún niño o joven ha sido privado de un puesto escolar. A nadie se le ha negado una plaza en la Universidad, si cumplía los requisitos. Y, respecto a la Sanidad, yo he podido constatar en Consultorios, Centros de Salud y Hospitales que la atención a los pacientes, por todo el personal facultativo y hospitalario, es exquisita,  así como en la aplicación de los tratamientos necesarios. En muchas horas de espera en las Consultas o de acompañamiento en Hospitales no he visto ni una queja en enfermos o familiares. Enfermos de distintos niveles sociales y de diferentes nacionalidades.

En el tercer pilar del Estado del bienestar, los Servicios Sociales, parece que los “recortes” han sido mayores. Aunque determinadas Instituciones como Cáritas, Proyecto Hombre, Cruz Roja… han paliado, en cierta medida, las carencias estatales. Con todo,  este campo es tan complejo, que necesita un mayor control. Pues en él se dan multitud de fraudes, y se presta  ayudas a personas que no las necesitan.

Debemos, pues,  reconocer que el Estado de bienestar no se ha destruido, puesto que no hay unos parámetros que lo cuantifiquen. Que los servicios básicos se siguen prestando con excelente calidad. Y es justo decir que, recibidas esas prestaciones básicas, cada cual tiene que conquistar su felicidad, su bienestar,  con el propio esfuerzo y trabajo. Porque vivir de la caridad o de la solidaridad denigra a cualquier persona, y más, si esta situación se prolonga en el tiempo.

Publicado en IDEAL de Granada (8-3-16)

Deja una respuesta