LA INTERNACIONAL
El 38 Congreso Federal del PSOE se cerró con el canto de la Internacional. Esa letra de Eugène Pottier, con música de Pierre Degeyter, tiene un profundo contenido conceptual y emocional… Si nos remontamos a sus orígenes, este himno, ideario del mundo obrero, expresa perfectamente las aspiraciones y la lucha del proletariado europeo en el siglo XIX y gran parte del siglo XX. Lo he oído y visto cantar algunas veces. Y, durante su representación, siempre me he dedicado a realizar un “barrido” por el coro de militantes que alzaban el brazo izquierdo con el puño cerrado. Y casi siempre me pareció una “farsa”. Los conocía a casi todos, y sabía que no eran “parias”. No estaban oprimidos. Formaban parte del poder y de su aparato, como políticos y sindicalistas.
Entiendo, y comparto, que los trabajadores de Spanair, desolados por el cierre repentino de la Compañía, griten en las terminales de los aeropuertos y por las calles de las ciudades: “la ley nos burla y el Estado oprime y sangra al productor; nos da derechos irrisorios, no hay deberes del señor.” Vería lógico que la legión de parados de larga duración, que el ejército de mileuristas ahogados por el pago de las hipotecas, clamaran, al unísono, “Ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor”. Pero cantar la Internacional en el Hotel Renacimiento de Sevilla supera el sarcasmo. Cantar la Internacional en un Hotel de cinco estrellas es un insulto a la inteligencia y una afrenta a los cinco millones de parados.
Que los depositarios del poder en España durante veintiún años; que los gestores de las Autonomías durante décadas; que los regidores de Ayuntamientos y Diputaciones canten “la ley nos burla y el Estado oprime y sangra al productor; nos da derechos irrisorios, no hay deberes del señor”, tendría que estar tipificado como delito. ¡Qué esperpento acaba de representar un millar de Señores y Señoritos que han establecido sus propios sueldos, sus jubilaciones, sus planes de pensiones…, y que tienen cargos en empresas y bancos, con retribuciones o comisiones mareantes! ¿Cuántos parados había en el Congreso? Desde el superlujoso Hotel, en el que un bocadillo de jamón con una Coca-Cola cuesta 18 €, y ellos disfrutaron de mesa y mantel durante tres días, los vimos y oímos cantar “¡Arriba, parias de la Tierra! ¡En pie, famélica legión! Qué bien describió Orwell la jauría de este zoo en “Animal Farm”. Rebelión en la Granja, para ocupar el sillón del granjero. Rebelión en la Granja, para degustar los exquisitos platos del opresor. “No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”. dice Orwell. Efectivamente, “todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, reconoceremos con él.
O son muy tontos o son muy cínicos. Pues las dos cosas, por su naturaleza, son incompatibles. Aunque, tal vez, en el político no sean excluyentes. ¿Cómo se puede ni tatarear la letra de la Internacional, en un Hotel de cinco estrellas, por los responsables del poder legislativo y ejecutivo de España que han dejado más de cinco millones de desempleados? Mientras en la calle el frío helaba los pensamientos y el hambre pellizcaba los estómagos de muchos españoles, ellos abandonaban el cónclave con los estómagos calientes, los bolsillos llenos y las mentes vacías, al grito de “A TRABAJAR, A TRABAJAR, A TRABAJAR”. ¿Dónde?, se preguntan los parados.