La tarde del 18 de Septiembre esperé pacientemente el autobús Nº 10, cuyo recorrido pasa por el “Nuevo los Cármenes”. A las seis, el Granada Recibía al Villarreal. Segundo partido en su Estadio. Espíritu predispuesto para la tercera derrota consecutiva. El autobús se abría paso cansinamente entre vallas y escombros de las interminables obras del metro. Parada tras parada iba llenando el aforo. Todos llevaban el mismo destino. No se veía euforia. Parecía gente resignada; aficionados dispuestos a sufrir.
A mi mente venían viejos recuerdos. “¡Ya verás, ya verás, cuando juegue Echecopar!”, que se cantaba en el viejo Los Cármenes, cuando este oriundo deslumbraba en la Liga de Andalucía, a la espera del transfer. Los pases a Tribuna Alta con el sello de la Federación en el carnet de un periodista amigo: Manolo Franco. O las entradas-invitación que me regalaba mi amigo Parits. Los Aguirre y Fernández; los Mariano Santos, Fontela y Chirri; los Porta y Barrios; el suave y exquisito servicio del balón que Vicente ofrecía a sus compañeros… Por no remontarme a los Otero, Pirri, Almagro, Román, Vargas, Coll… Mis escapadas al Hotel “Los Ángeles” para hablar con algunos jugadores en las Concentraciones. Los partidos en el Bernabéu y Calderón, durante mi estancia en Madrid. Y aquel último encuentro en los Cármenes contra el Real Madrid. Hacía 35 años. Se cerraba la liga en el histórico Campo. El sol de mayo derretía las últimas ilusiones en la escalinata de General. A mi lado apareció Manolo Ibáñez. Lo había sido todo en el Granada: de utilero a entrenador. Estaba demacrado: “Si me dejan el equipo hace tres partidos, lo salvo”. Pero Miguel Muñoz no quiso irse. Ni Candi fue capaz de echarlo. Todo se hundió… hace 35 años.
Varias veces he echado mano al carnet. No llegaré tarde: no tengo que sacar entrada. Estreno carnet. El primer partido fue para Miguel Ángel. Siempre ha seguido al Granada. Casi desde la cuna. Él sólo lo había visto en Segunda A, Segunda B y Tercera. Ahora, en Primera. Los alrededores del Estadio tienen un colorido especial: banderas, camisetas… continúan el arrebato del ascenso. Pero no hay euforia. El equipo se está haciendo, está en pretemporada. Nada más escalar mi localidad, cerca de las estrellas, mirando a la sierra, y el sol abrasándome el cogote…, empieza el partido. Los fondos animan enardecidamente: cánticos, gritos… Y el Granada controla el partido. El Villarreal, desvanecido. Los Cani, Rossi, Nílmar, Marchena, Marco Rubén, De Guzmán… no rompen la tela de araña del planteamiento de Fabri. En el minuto 15 de la segunda parte, por el córner donde estoy situado, Siqueira hace una de sus brillantes internadas, y pone el balón en la cabeza de Uche, que bate a César. El Estadio lanza al aire toda la tensión contenida. ¡El primer Gol en esta nueva etapa! Tres puntos que se vieron peligrar con el penalti que falló Rossi en el minuto 80.
Bajé rápido, tras el pitido final. Volví andando. Necesitaba libertad. Y tardé lo mismo: 45 minutos. Roberto, Diakhté, Mainz, Martins, Benitez, Jara, Nyom, Geijo…: nueva etapa. Por mi mente seguían pasando viejas películas del Granada, de su afición…, mientras me abría paso entre gente feliz: mujeres, hombres y niños. Coches y motos escapaban, buscando los caminos más despejados, hacia sus lares…, mientras la tarde abría sus puertas a la noche.
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