“El hombre es la medida de todas las cosas (pantón metrós anthropos estí)” proclamaban los sofistas de la antigua Grecia. Sabios en el arte de hablar, no en el conocimiento de las cosas, y dispuestos a poner su sabiduría al servicio del cliente que pagaba.
En estos momentos de corrupción social y de relativismo moral nos encontramos, en España, con una pléyade de sofistas, bajo el sinónimo de “tertulianos”, que recorren el ágora de las Televisiones y Emisoras de Radio, públicas y privadas, disparando o protegiendo al “pájaro político” que sobrevuela, cruzando la raya de lo política o éticamente permitido.
Resulta vergonzoso ver a algunos políticos y periodistas en estos foros de análisis tergiversar la realidad para defender al partido que los sostiene o al Grupo mediático que les da trabajo. El sábado, día nueve, pudo verse, una vez más, en “La Noria”, un espectáculo denigrante: María Antonia Iglesias, periodista al servicio de la causa socialista, ex Directora de Televisión Española en la etapa felipista, gritar ¡“ladrón”!, “inmoral” y otra serie de lindezas, a Melchor Miralles, periodista que mostraba fotocopias que podían comprometer el comportamiento de Chaves respecto a los negocios de sus hijos. Insultos totalmente injustificados. Junto a ellos se ensalzaban, grito en cuello, y sin escucharse, Durán y Rahola, desde sus posiciones de “derecha” e “izquierda”, respectivamente, acerca del tema. Y Alfonso Rojo y Rubén Mújica, por otro lado.
Y, el martes, en el programa “La Vuelta al Mundo”, con Carlos Cuesta, la diputada socialista y ex ministra, con su estilo agresivo y reventador de discursos, repudiaba, sin conocerlos, los escritos de Miralles sobre Chaves, y rompía ante las Cámaras las fotocopias que el periodista le ofreció.
Esto es sólo un “botón de muestra” de gran parte de los valores cívicos y éticos que está llegando a los ciudadanos desde este Gremio de “sofistas” que interrumpen, que no dejan hablar, y que apuestan por sus “mecenas”, aunque se hallen imputados. Cierran las televisiones o las radios, a la medianoche, y aparecen en otro medio a las ocho de la mañana del día siguiente, con el mismo discurso sobre el mimo tema con el que se fueron a dormir. Critican a los políticos, defienden a los parados, y llenan y llenan sus bolsas. Critican el nepotismo político, y callan el nepotismo periodístico.
Y el pueblo, desde el patio de butacas de su casa, desde el volante del taxi o del camión, descarga su adrenalina, y da un pellizco a su bolsillo, escribiendo sms para engorde de la cuenta corriente del Medio. Catarsis que muchos continúan, mañana y tarde, en la Casa del Pueblo, o en la plaza, en acalorados debates, alimentados por el fuego de la de propaganda de las tertulias. Padecemos una epidemia de sofistas. La sabiduría (sofía), pues, ha llegado a todas las capas sociales. ¡Y qué sabiduría!